EL PRINCIPIO DE LA CONFESIÓN



EL PRINCIPIO DE LA CONFESION!
Confesar es reconocer las ofensas y pedir perdón específicamente!
Para resolver conflictos en un matrimonio el primer paso fundamental es reconocer las faltas y confesarlas. Si no se reconocen las faltas, van a permanecer en un debate permanente de ofensas mutuas que los va a conducir a faltarse el respeto y lastimarse profundamente.

La actitud pacificadora ante los conflictos de un matrimonio debe comenzar con el reconocimiento de las faltas u ofensas hechas contra tu pareja. Cuando se reconocen las faltas y se confiesan, se establece el ambiente emocional para una reconciliación.

Para confesar nuestras faltas, debemos examinarnos como nuestros pensamientos y nuestro comportamiento han contribuido al conflicto. Lo primero que tenemos que pensar es en que le hemos dicho a nuestro cónyugeque le pudo haber herido. Frecuentemente en medio de un conflicto perdemos el control y usamos palabras que han resultado destructivas y que lamentamos, pero no las confesamos.

A la mayoría de nosotros no nos gusta admitir que hemos ofendido. Va contra nuestra naturaleza humana pecaminosa. Por lo tanto tratamos de ocultar, negar o racionalizar nuestras faltas. Si no es posible, tratamos de minimizarlas y decir que son errores o “apreciaciones erróneas”. Si todo eso fracasa, intentamos echarle la culpa a otra persona o decir que otra persona es responsable de lo que hicimos.

Otra táctica es la norma 60/40. Admitimos que somos imperfectos y somos responsables de hasta un 40% del conflicto, pero el 60% es culpa de mi pareja. En base a esos números, mi pareja debería confesarse primero!

Todas esas son maneras necias de abordar la confesión y ninguna contaría con la aprobación de Dios. Prov: 28:13 El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia. El principio de la confesión nos conduce al proceso de pacificación.

Fil 4: 8y9: Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros. Este versículo nos invita a autoevaluarnos en que estamos pensando cuando tenemos un conflicto. Meditar en este pasaje bíblico nos puede ayudar a identificar actitudes que debemos confesar y renunciar.

Puede ser que tengas un deseo tan intenso de que tu pareja cambie, que se convierta en una exigencia de tal magnitud que van a producir una serie de pensamientos negativos y más bien va a producir el efecto contrario en la relación de la pareja. Identifique esas actitudes y reconózcalas delante de Dios primero y confiéselas a su pareja. Esta acción es una acción pacificadora que va a bendecir y traer paz a su matrimonio.

El primer paso de la confesión debe ser con nuestro Padre Celestial, reconociendo que al ofender a nuestra pareja, lo ofendimos a él. Pedir a Dios la sabiduría y la fortaleza para confesarle a nuestra pareja. La reconciliación con Dios nos da la predisposición y la capacidad de reconciliarnos con nuestro cónyuge.

Si reconoces que tienes algo en tu corazón contra tu cónyuge, busca la presencia de Dios para reconocer y arrepentirte delante de él por tu actitud pecaminosa y luego habla con tu pareja con una actitud pacificadora de humildad y mansedumbre.

Si tienes algo en tu corazón, no te lo guardes. Sácalo de tu corazón antes de que contamine tu alma. Y si ya te sientes contaminado(a), con más razón, libera tu peso lo antes posible. Debes confesarlo a Dios y él te perdonará. Si tu confesión es algo muy grave, no necesariamente lo tienes que confesar a tu pareja a menos que el Espíritu Santo lo confirme en tu corazón. Pero si la ofensa ya la conoce tu pareja, entonces si debes confesarla con espíritu de arrepentimiento y humildad y dispuesto(a) a restituir a tu pareja. Pide ayuda a tu Pastor o a un Consejero Cristiano.

Tu Matrimonio y tu Familia es el
Tesoro mas valioso que Dios te ha dado
!Cuidalo!

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